TRAS LA INUNDACIÓN EN BENITO JUÁREZ, LLEGA EL ALIVIO CON AYUDA HUMANITARIA

Cuarenta y ocho horas después de que el agua desbordada de la presa Cantarranas convirtiera en verdaderos ríos las calles Francisco Javier Mina, Matamoros, Zaragoza y Morelos, en el municipio de Benito Juárez, la ayuda por fin tocó a las puertas de las familias afectadas.

Aquel desbordamiento, que dejó bajo el agua a 80 viviendas y cubrió de lodo todo a su paso, encontró respuesta este martes por la tarde. Eran las 14:00 horas cuando dos camionetas de la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) arribaron cargadas de colchonetas, cobijas, despensas, láminas galvanizadas y víveres.

Vestidos con chalecos amarillos, Jesús Alejandro, Carlos, Jorge, Juan y Laura, funcionarios estatales, descendieron para recorrer las zonas más afectadas, acompañados por el presidente municipal Rubén Becerra Cerón y su equipo, quienes junto con vecinos voluntarios comenzaron la distribución, casa por casa.

“PERDIMOS TODO, PERO AL MENOS NO ESTAMOS SOLOS”

El panorama en Benito Juárez sigue siendo desolador. Entre calles enlodadas, muebles inservibles y recuerdos empapados, los damnificados intentan recuperar algo de lo perdido. Doña Margarita, con la voz entrecortada, agradeció la llegada de los víveres: “Se siente tristeza, pero esto alienta. Gracias a la gobernadora Lorena Cuéllar y al alcalde por no olvidarnos”, dijo mientras ayudaba a sus vecinos a rescatar los pocos muebles que el agua no reclamó.

En otra vivienda, José Luis Ruíz, de 63 años, compartió su angustia. Bajo su techo viven 20 personas de cuatro familias. “Nunca vi algo igual en todos estos años. Todo quedó perdido: camas, colchones, estufa, refrigerador… Dormimos donde pudimos, esperando que el agua bajara”, relató.

AYUDA CON CONTROL Y VIGILANCIA

Para recibir el apoyo, las familias debieron presentar copia de su credencial de elector, como medida de control y para transparentar la entrega ante el Órgano de Fiscalización Superior. Cada despensa contenía arroz, frijol, aceite, pastas, enlatados, productos de limpieza y artículos de higiene personal.

El gesto fue más que un acto asistencial; para muchos representó el primer rayo de esperanza tras una tragedia que dejó las calles cubiertas de lodo y los hogares anegados.

SUPERVISIÓN Y TRABAJO CONTRA RELOJ

Mientras se entregaban los apoyos, brigadas de Protección Civil y técnicos de la Secretaría de Infraestructura continuaban evaluando los daños. En algunas viviendas, el agua apenas comenzó a retirarse este miércoles. En otros puntos, seguían las labores de desazolve y colocación de costales de arena, colocados días atrás por el Ejército Mexicano para intentar contener la corriente.

Rosa, otra de las vecinas afectadas, relató resignada: “El agua entró casi a un metro de altura. Perdimos ropa, comida y hasta los cuadernos de los niños. No se podía salir, ni vender, ni trabajar. Esta despensa es una bendición porque aquí todo suma”, comentó mientras sujetaba su paquete de víveres.

EL ORIGEN DEL DESASTRE Y LA VIGILANCIA PERMANENTE

El desbordamiento se originó por las intensas lluvias en el monte San Nicolás el pasado 29 de junio, provocando que el nivel de la presa superara su capacidad. Desde entonces, maquinaria estatal trabaja sin descanso para drenar el embalse y reducir el riesgo de otro desborde, aunque el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional prevé más lluvias en los próximos días.

TESTIMONIOS DE RESILIENCIA Y COMUNIDAD

Jessica Zamora vivió en carne propia la peor parte: “El agua subió tan rápido que casi no salimos. Mi hijo ayudó a su esposa y nieta a escapar. Dormimos en la iglesia cristiana, solos, hasta que el lunes llegó la Guardia Nacional”, narró.

El alcalde Rubén Becerra Cerón, presente en las labores de apoyo, reconoció el respaldo de la gobernadora y aseguró que las acciones de limpieza y asistencia continuarán. “La prioridad es restablecer los servicios, facilitar la limpieza y ayudar a que las familias puedan regresar a sus hogares con seguridad”, afirmó.

LA ESPERANZA PERMANECE

Entre el lodo, las casas inundadas y los recuerdos dañados, queda un mensaje de fortaleza. Como lo resumió don José Luis al recibir su despensa: “Una ayudita no lo cambia todo, pero da fuerza para seguir. Aquí nadie se rinde”.

Por ahora, el cielo sigue gris sobre Benito Juárez, pero la solidaridad ha empezado a llegar, gota a gota, como bálsamo en medio de la tormenta.

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