MIGUEL ÁNGEL COVARRUBIAS, DEL “LUCHADOR SOCIAL” AL ACOSADOR DIGITAL
• En su afán de ganar reflectores, Covarrubias omite la verificación de hechos y termina afectando la reputación de ciudadanos, exhibiéndolos sin sustento alguno.
El exdiputado local Miguel Ángel Covarrubias Cervantes, quien en su discurso presume ser un defensor de causas sociales, se ha convertido en un personaje polémico por sus transmisiones en redes sociales. Como si fuera un “reality show” grabado con su iPhone 16 Pro Max, el exlegislador busca exhibir presuntos abusos e injusticias. Sin embargo, lo hace sin pruebas sólidas, con acusaciones a la ligera y un estilo que raya más en el acoso digital que en la defensa auténtica de derechos.
El más reciente episodio ocurrió en un hotel ubicado en el centro de Tlaxcala, donde Covarrubias protagonizó una transmisión en vivo en la que arremetió contra la propietaria del establecimiento. Con un tono burlón y prepotente, acusó a la mujer de irregularidades en su negocio y hasta de ser ella quien robaba a los huéspedes, sin presentar una sola evidencia que sustentara sus señalamientos. Lo hizo, además, defendiendo a una exempleada acusada de robo, según declaró la dueña del hotel.
La confrontación escaló a un punto preocupante: Covarrubias lanzó acusaciones sobre la falta de permisos de funcionamiento del hotel y criticó el sistema de pagos del lugar, sin que existieran documentos o dictámenes oficiales que respaldaran sus dichos. Además se atrevió a exigir se le presentaran documentos oficiales sin ser una autoridad. Ante ello, la afectada anunció que procederá legalmente no solo contra la extrabajadora, sino también contra el propio exdiputado, al considerar que fue víctima de difamación, hostigamiento y daño moral.
Este episodio abre un debate sobre los límites de la exposición mediática que realizan algunos actores políticos en busca de protagonismo. En su intento por ganar reflectores, Covarrubias parece pasar por alto principios básicos de verificación de hechos, afectando la reputación y tranquilidad de ciudadanos que, como en este caso, resultan exhibidos sin sustento alguno. El riesgo se vuelve mayor cuando estas transmisiones involucran a personas mayores, cuya salud puede verse comprometida por la tensión y el estrés generados.
De igual forma, el manejo irresponsable de datos personales en estas transmisiones constituye una falta grave. La Constitución protege la información privada de los ciudadanos, y exponerla en un espacio público como Facebook sin consentimiento puede derivar en sanciones legales. Lejos de representar a un luchador social, este tipo de prácticas colocan a Covarrubias como un potencial infractor de la ley.
Cada nuevo video del exdiputado confirma un patrón: acusaciones sin pruebas, transmisiones improvisadas y un tono provocador que roza el ridículo. Más que consolidar una aspiración política seria, estas escenas evidencian a un personaje atrapado en la simulación y el escándalo digital. Así, lo que Covarrubias vende como “defensa social” se reduce a un espectáculo de falsedades, cuya única constante es la falta de seriedad y de respeto hacia los demás.



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