CUANDO EL ACOSO TOCA EL PODER: REACCIONAN POR LO QUE VIVEN EN PALACIO, PERO NO POR LO QUE SUFREN MILES DE MUJERES
La presidenta Claudia Sheinbaum relató este martes el momento en que fue acosada mientras caminaba hacia la SEP: “Era más corto ir a pie… mucha gente me saludó hasta que se acercó un hombre totalmente alcoholizado”, dijo.
A partir de ese incidente anunció que presentará una denuncia y lanzará una campaña nacional para que el acoso sea tipificado como delito penal en todos los estados. “El respeto a las mujeres no se negocia”, afirmó.
Pero la reacción presidencial ha encendido un debate inevitable: ¿por qué las cosas solo cambian cuando le ocurren a quienes están en el poder?
Porque mientras la mandataria es escoltada, protegida y respaldada por todo un aparato institucional, miles de mujeres en México viven acoso, agresiones, desapariciones, violaciones y feminicidios… sin que nadie mueva un dedo.
En cada estado hay madres buscando justicia que nunca llega; carpetas que no avanzan; denuncias que “se pierden”; ministerios públicos que revictimizan; agresores que caminan libres mientras las víctimas viven con miedo.
Y aunque las cifras siguen aumentando, no se anuncian campañas urgentes, ni reformas exprés, ni protocolos nacionales para ellas.
Paradójicamente, tuvo que ser la presidenta la que sufriera acoso para que se hable de penalizarlo en todo el país.
Las colectivas feministas llevan años exigiéndolo. Las víctimas llevan décadas pidiendo justicia. Los casos se acumulan… y el Estado siempre responde con indiferencia, burocracia o silencio.
Hoy la pregunta es:
¿Cuántas vidas se habrían salvado si la indignación institucional hubiera llegado antes?
¿Si el gobierno reaccionara con la misma rapidez ante cada mujer violentada que ante un incidente ocurrido en Palacio Nacional?
México no necesita un cambio solo porque “le pasó a la presidenta”.
Necesita justicia para todas las que ya no están para contarlo, para quienes viven con miedo, para quienes denuncian y son ignoradas.
Si el episodio sirve para abrir el camino a reformas reales, bienvenido.
Pero que no olviden algo fundamental:
La violencia contra las mujeres no empieza en el Zócalo… pero la justicia tampoco debería empezar ahí.



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