ZÓCALO BLINDADO: TONELADAS DE CONCRETO PARA “PROTEGERSE” DE QUIENES, SEGÚN EL GOBIERNO, NI EXISTEN
La Ciudad de México amaneció con un Zócalo convertido en fortaleza. No es metáfora: vallas soldadas, estructuras de acero y ahora también pesadas barricadas de concreto rodean Palacio Nacional, la Catedral y prácticamente cada acceso al corazón político del país. Un blindaje que sorprendió a capitalinos y turistas y que, según autoridades, busca “garantizar la seguridad” ante las manifestaciones de los próximos días.
El operativo incluye cierres totales en calles como Moneda, 16 de Septiembre y Corregidora, además del cierre de la estación del Metro Zócalo/Tenochtitlan. A esto se suma el despliegue del grupo élite “Zorros”, cuerpos tácticos, policías, bomberos y militares vigilando cada esquina. El mensaje visual es contundente: el gobierno no quiere sorpresas.
PERO AQUÍ LLEGA LA IRONÍA.
El mismo gobierno que aseguró que las protestas son cosa de “bots”, que la supuesta campaña ciudadana “costó 90 millones”, que “no va a ir nadie” y que “solo son puros viejitos”, ahora levantó una muralla de acero y concreto para protegerse… ¿de quién exactamente?
Si las manifestaciones no existen y la inconformidad es inventada, ¿por qué construir un bunker en pleno Centro Histórico?
Activistas y ciudadanos han señalado que este blindaje extremo no solo limita la movilidad y afecta al comercio, sino que muestra un contraste evidente entre el discurso oficial y la realidad en las calles. Mientras la presidenta afirma que México es un país libre “donde todos pueden manifestarse”, el Zócalo parece más un territorio sitiado que una plaza pública.
La marcha de este 15 de noviembre no solo convoca a jóvenes; hoy reúne a generaciones completas que exigen seguridad, justicia y transparencia. Y frente a ellas, el gobierno responde con concreto, acero… y un silencio cada vez más pesado.
El Zócalo vuelve a ser el epicentro del debate nacional: ¿proteger el patrimonio o protegerse del pueblo?



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