EL TEATRO DE COVARRUBIAS
Como si estuviera en un escenario improvisado, Miguel Ángel Covarrubias apareció en el accidente del lunes como actor principal de una obra que nadie pidió. Su libreto fue simple, convertir la desgracia de un joven motociclista en un espectáculo para redes sociales, con tal de mantener intacto el apellido familiar.
A estas alturas, bien podrían darle un papel en el circo instalado en la Plaza de Toros, tiene todas las tablas para el melodrama, aunque lo suyo no sea el arte, más bien la conveniencia.

La tarde del 29 de septiembre, frente al monumento a Tlahuicole en Tlaxcala capital, Iván N., de apenas 22 años y vecino de Zacatelco, terminó ensangrentado y en el suelo después de estrellarse contra la camioneta Chevrolet S-10 modelo 2016, conducida por Miguel Ángel Covarrubias Martínez, de 63 años, padre del ex diputado.
Las primeras versiones señalan que el motociclista se quedó sin frenos y eso provocó el impacto, pero lo que realmente impactó fue la actitud de Covarrubias hijo, con celular en mano, cámara encendida y un discurso preparado para exonerar de inmediato a su progenitor.


El accidentado seguía en el suelo, desorientado, mientras el que se dice político grababa con la frialdad de quien no ve a una persona herida, sino a una oportunidad de discurso político.
El ex legislador, acostumbrado a vestirse de héroe en videos donde presume “defender” al pueblo de abusos y corrupciones, esta vez corrió a defender lo único que realmente le importa, su apellido.

La empatía quedó arrumbada a un lado de la avenida, porque lo suyo no es la solidaridad, es el espectáculo, Covarrubias se grabó más preocupado por cuidar la imagen de su padre que por auxiliar al joven herido.
La escena fue grotesca, un muchacho en el suelo y un político frustrado con el celular sobre él, narrando como si transmitiera un reality show.

La desgracia ajena, para Covarrubias, no es tragedia, es solo material para likes.



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