Columna especial por Alfonso Sánchez García
LA FUERZA DEL NOSOTROS
Hay momentos en los que un país entero recuerda que, por encima de todo, sigue siendo una sola nación.
Pasó otra vez con nuestra Selección, independientemente del resultado frente a Inglaterra, millones de mexicanas y mexicanos nos reunimos frente a una pantalla con la misma ilusión, con el mismo nervio y con el mismo deseo de ver triunfar a quienes portan nuestros colores, por unas horas quedaron en pausa las diferencias, las preocupaciones y hasta las discusiones que tantas veces nos dividen.
Siempre me ha parecido extraordinario que un balón tenga la capacidad de lograr lo que a veces no consiguen los discursos: hacernos sentir parte de algo mucho más grande que nosotros mismos, porque cuando México juega, no importa de dónde venimos, qué pensamos o a qué nos dedicamos, solo gritamos el gol con la misma emoción porque, en ese instante, todos decimos la misma palabra: ganamos.
Esa palabra tiene un enorme significado, ya que ninguno de nosotros corrió los noventa minutos ni enfrentó la presión de estar en la cancha, pero sentimos como propio cada esfuerzo, porque cuando alguien representa con dignidad a nuestro país, también representa nuestros sueños, nuestra historia y la esperanza de millones de personas que creen que siempre vale la pena luchar hasta el último minuto.
Esa misma lección deberíamos llevarla a nuestra vida diaria. Así como defendemos con pasión los colores de México cuando juega la Selección, también deberíamos defender y amar a Tlaxcala, no desde la confrontación ni desde el orgullo vacío, sino trabajando todos los días para que nuestra tierra sea un mejor lugar para vivir, porque los grandes cambios nunca son obra de una sola persona, siempre son el resultado de un pueblo que decide caminar unido.
Estoy convencido de que la transformación empieza cuando dejamos de pensar únicamente en el “yo” para abrazar el “nosotros”, esa es la fuerza de un pueblo, entender que nuestras diferencias no tienen por qué separarnos, sino enriquecernos. Cuando aprendemos a mirar hacia un objetivo común, descubrimos que somos capaces de construir mucho más de lo que imaginábamos.
Ojalá que la emoción que sentimos cada vez que México saltó a la cancha en este mundial nos acompañe cuando salgamos a trabajar, cuando ayudemos a un vecino, cuando cuidemos nuestros espacios públicos o cuando decidamos hacer algo bueno por nuestro estado.
Si el futbol puede recordarnos que juntos somos más fuertes, entonces no dejemos que esa lección termine con el silbatazo final, sigamos jugando el partido más importante: el de construir un México y un Tlaxcala donde el orgullo de pertenecer nos una mucho más de lo que cualquier diferencia pueda separarnos.



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