NACHO PORTE: EL PORTERO QUE CONVIRTIÓ SUS GUANTES EN RECUERDOS PARA SIEMPRE
“¡Porteros, porteras, porteritos, porteritas!”. Con esa frase comenzaban los entrenamientos de José Ignacio Moreno Fernández, “Nacho Porte”, un joven que hizo del futbol mucho más que un deporte y que, a los 29 años, dejó una huella imborrable en las canchas de Puebla y Tlaxcala.
Su historia terminó de manera inesperada el pasado 28 de septiembre, cuando un accidente en la supercarretera Cuacnopalan-Oaxaca le arrebató la vida junto con la de Carlos Alfonso Ramírez Guevara, también relacionado con el futbol amateur poblano.
Dos días después, San Jerónimo Caleras, Puebla, se convirtió en el escenario de una despedida que reunió a familiares, amigos, compañeros de equipo y futbolistas que compartieron cancha con él.
Cuando el féretro comenzó a descender, su madre lanzó un grito que rompió el silencio:
“¡Vamos, Nacho! ¡Tú puedes!”.
Esta vez, sin embargo, el guardameta ya no pudo levantarse.
El número que siempre llevó consigo
Nacho nació el 28 de abril de 1997. El 28 se convirtió en su número de identidad deportiva y apareció en sus camisetas, fotografías y videos.
Murió también un día 28: el 28 de septiembre de 2026.
Durante 29 años construyó una vida ligada al futbol. En Tlaxcala defendió la portería del Tlachco Futbol Soccer, en la Liga Chiautempan 86, y también jugó con el Deportivo Santa Cruz, en la Liga Tlaxcala.
Pero su actividad no terminaba cuando sonaba el silbatazo final.
Nacho también entrenaba porteros, se trasladaba constantemente entre Puebla y Tlaxcala y grababa partidos con cámaras de acción que colocaba para registrar sus propias atajadas.
Su página de Facebook llegó a reunir 29 mil seguidores, donde compartía parte de esa vida entre guantes, balones, entrenamientos y torneos.
“Te regalo mis guantes”
Uno de los recuerdos que más ha conmovido a quienes conocieron su historia quedó registrado en video.
Después de un partido, un niño se acercó a Nacho. El portero se quitó los guantes y se los entregó.
“Te regalo mis guantes”.
El menor los recibió sorprendido.
Nacho acompañó aquel gesto con una frase sobre la manera en que los adultos deben relacionarse con los niños: “Para entender a un niño, recuerda. Trátalo como te hubiera gustado que te trataran a ti de niño”.
Después de conocer su muerte, Arturo López, padre del menor, recordó aquel momento:
“Aún tiene mi hijo los guantes que le diste y los cuida como no tienes idea”.
Quizá sin saberlo, Nacho había dejado uno de sus recuerdos más importantes fuera de la cancha.
Una vida entre Puebla y Tlaxcala
El futbol amateur fue el centro de su vida.
Antes de llegar a los equipos donde fue conocido en Tlaxcala, pasó por conjuntos como F.C. Los Ángeles, Leones de Huauchinango, Santiago Tulantepec y Lobos BUAP, donde llegó a jugar en la categoría Sub-20.
También participó en torneos de futbol reducido y competencias de trabajadores.
Con Street Puebla consiguió campeonatos nacionales y posteriormente representó a México en competencias internacionales. Con CTM Puebla conquistó títulos regionales, estatales y nacionales de los Trabajadores.
En el Mundial celebrado en Grecia obtuvo el tercer lugar.
En 2026 volvió a competir en la etapa estatal y se preparaba con sus compañeros para intentar llegar al Mundial de Dinamarca 2027.
Ese proyecto quedó inconcluso.
Una familia que tendrá que aprender a vivir con su ausencia
Nacho dejó una hija y a una esposa que espera un bebé.
También dejó a sus padres, a su hermano, amigos y compañeros que todavía intentan asimilar que aquel portero con el número 28 ya no volverá a aparecer en una cancha.
Sus equipos comenzaron a despedirlo con mensajes de dolor.
Una de las frases que quedó entre sus compañeros resumió la dimensión de la pérdida:
“El futbol pierde a un gran jugador, pero nosotros perdemos a un gran amigo”.
La esquela de Tlachco también convirtió su pasión en una última despedida:
“Hoy vuelas alto, muy alto. Hoy te toca defender el arco más grande de todos”.
Nacho ya no volverá a colocarse bajo los tres postes.
Pero su historia permanecerá en las fotografías, en los videos, en las camisetas con el número 28 y, sobre todo, en aquellos niños a quienes enseñó a defender una portería.
Y hay uno que todavía conserva sus guantes.
Los mismos que Nacho decidió regalarle después de un partido.
Los mismos que hoy, sin saberlo, se convirtieron en parte de su legado.



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